El viajante que comió pejelagarto

Cuento corto autoría de Aimée Padilla

Corrían los años 70’s del siglo pasado. Jacinto era un hermano jovial que acababa de llegar a la congregación San Antonio en Tabasco. Los hermanos de esa congregación eran muy hospitalarios y amorosos, pero Jacinto notó algo en lo que tenían que trabajar: eran muy supersticiosos. El viajante anterior había dejado esa nota, así que tenía que ver cómo iban en ese aspecto que había quedado pendiente de la visita pasada. Desde el primer día que llegó a la congregación, sintió un ambiente tenso entre los hermanos; hablaban poco y se iban inmediatamente a sus hogares, cosa que le llamó la atención, entonces decidió preguntarle al hermano Esteban, quien era una persona ya entrada en años.

– Hermano Esteban, no sé si es mi impresión pero los hermanos los noto como ausentes, algo no me está haciendo sentido.

– Están asustados hermano, por las noches ronda una criatura extraña que antes fue humano pero ahora vaga por la comunidad asustando a los lugareños.

Jacinto pudo notar que el asunto era más grave de lo que se imaginaba…

– Pero hermano Esteban, usted bien sabe que esas criaturas no existen, Jehová en su palabra nos dice claramente que solo existen los demonios invisibles que controlan este mundo.

– No se ofenda hermano, pero usted apenas acaba de llegar. Mire le entrego la lista de familias con las que comerá esta semana y la lista de actividades de predicación y pastoreo –le dijo en tono cortante.

Jacinto guardó silencio y recibió los papeles de mano de Esteban. Los hermanos con los que se iba a hospedar lo estaban esperando con aire nervioso, tuvo el impulso de preguntarles pero se reprimió de hacerlo porque en su interior sabía que le iban a contar la misma historia de aquella extraña criatura, y no tenía ánimos para tocar ese asunto, mejor se iría a descansar y a la mañana siguiente vería como ayudar a esa congregación.

La mañana siguiente transcurrió con las actividades normales de la visita y llegó la hora de la comida con la familia Medina, quienes decidieron invitarlo a comer en un restaurante. Jacinto vio la carta y le dijo al mesero: “Yo quiero un pejelagarto en salsa verde por favor.” Al escuchar que Jacinto pedía pejelagarto, la familia se puso tensa y empezó a cuchichear entre sí, cosa que le molestó y no pudo contenerse.

– ¿Qué sucede hermanos? ¿Qué tiene de malo lo que he pedido? He escuchado que este platillo es típico de Tabasco, además el viajante anterior me lo recomendó

Los Medina se miraban nerviosos y no se atrevían a decirle, pero Jaimito, el más pequeño de los Medina le dijo:

– El que come pejelagarto se convierte en uno.

– Eso no es verdad, es absurdo, imagínate cuanta gente no sería pejelagarto, además esas son supersticiones y a Jehová no le agrada.

Se creó un ambiente de tensión y todos comieron en silencio.

“Este es el mejor platillo que he comido en mi vida” -pensó Jacinto cuando comenzó a degustar el selecto manjar jurásico- pero le molestaba sobremanera cómo los Medina lo veían comer con un dejo de terror en el rostro.

Llegó la noche y Jacinto se retiró a descansar después de las actividades teocráticas, pero tuvo un sueño muy extraño. Soñó que tenía unos orificios a los lados de la cabeza, que habían sustituido a las orejas. Despertó sobresaltado y se tocó las orejas y pudo comprobar que seguían allí.

La siguiente noche, soñó que le salía una cola, igual se despertó sobresaltado y comprobó que no tenía cola. –Estos cuentos de lugareños me están jugando bromas pesadas en la cabeza.–

Pasó la semana de la visita y Jacinto respiró aliviado porque se iría de aquella loca comunidad. Al igual que su antecesor, dejó la nota de que tenían que ayudarlos porque eran muy supersticiosos.

A la octava noche de haber ingerido el pejelagarto, los poderes mágicos de ese fósil viviente comenzaron a transformar la morfología de Jacinto. Lo último que “Jacinto-hombre” pudo ver, fue como de sus piernas salía cola, y su piel se convertía en escamas. Una nube envolvió su alargado cuerpo, quien dio un último grito humano y por una fracción de segundo entendió que los lugareños no mentían. Fue llevado por una especie de viento y depositado en las aguas de Tabasco. Así que estimado lector, medita muy bien antes de comer pejelagarto.

** Nota 1 La Sucursal de los testigos de Jehová asigna a pastores que sirven de tiempo completo, y los mandan a visitar distintas congregaciones (iglesias) para darles estímulo espiritual. Dichos pastores reciben el nombre de Superintendentes de Circuito o viajantes. Al finalizar la visita a una congregación, hacen un informe y reportan a la Sucursal la debilidad espiritual que encontraron y lo ponen como un aspecto a trabajar, también hacen recomendaciones de nuevos pastores o dan encomio a la congregación entre otras cosas.

** Nota 2 El pejelagarto es un pez predominantemente de agua dulce, que sólo se encuentra en América del Norte y Central; entre Montana, el sur de Quebec y Costa Rica. Su hábitat solía estar mucho más extendido, como prueban los fósiles hallados en Europa, África,sur de Asia y América del Sur. En el caso del relato en cuestión, es típico del Estado de Tabasco y se considera un manjar.

*** Nota 3 Cuento escrito para la página de Facebook el cuento sin fin

Referencia:

El viajante que comió pejelagarto